La aventura de las Letras

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Cual intrépidos aventureros en la inhóspita Valladolid, nuestros arrojo, valentia e ingenio sinpar nos permitiran salir victoriosos e ilesos de tamaña aventura.

Nuestros logras serán relatados durante los años venideros, pues nuestra sera la gloria de alzarnos con el conocimiento de todas las letras que por aquesta ciudad se hallan desperdigadas por doquier.


Previo a comenzar nuestra andadura, nos aprovisionamos de material importante; vease, un mapa que hara las veces de plano del tesoro, una camara para inmortalizar nuestras andanzas, y algo de comida y bebida, pues si las letras son el alimento del alma, el cuerpo no ha de quedarse atras.

Con tales enseres en nuestros morrales comenzamos el viaje...


Alla en la lontananza vemos algo que en tiempos remotos fue una I de Inquisición, pero ahora no son más que unos restos. Aca, junto a la casa del estudiante logramos nuestra primera hazaña.

Y a la vueta de la esquina, alli se alzaba desafiante una Y de Ysabel la Católica; tras árdua lucha la sometimos, pero no sin coste, pues casi perdemos un brazo en el intento. ¡Que fiereza la de la Y!

Y un poco más alla, en Cadenas de san Gregorio, frente a la Casa del Sol nos aguardaba una L indómita, a la cual replegamos sobreponiendonos a su certero ataque a traición, no ha habido bajas aún. La suerte nos acompaña en esta aventura.

¡Por fin una letra amiga! La W de Watterberg, Federico, nos acogió en su morada, en frente de la puerta de San Pablo y alli tomamos viandas y reposamos en su excelsa compañia.

Alla en las cercanias de Asklepios, un lugar de regocijo, encontramos una maltrecha T, a la cual socorrimos, pues habia sido vandalizada hasta tal extremo que no recordaba ni de que era. Supusimos que de Teatro, asi que ese nombre le dimos y muy contenta se puso, deseandonos suerte en nuestro viaje.

Posteriormente caimos en la cuenta de que la T era de Don Juan Tenorio, pero dado que no erramos demasiado, y que fue con la mejor intención nadie ha de ofenderse por este error.


A punto hemos estado de sufrir grave derrota, pues hemos caido en una vil emboscada perpetrada en la plaza de San Pablo entre la K de Karl V y la B de Bartolome de las Casas. Mientras yo me enfrentaba en singular combate a la K, cuya armadura la hacia resistente a mis ataques, la B intentaba devorar a Mercedes, que haciendo acopio de valor y coraje logro escapar de sus fauces. Una vez finalizada la escaramuza, repusimos fuerzas y nos dispusimos a continuar.


Tras largo trecho sin hallar letra alguna, una sombra comenzaba a cubrir nuestro ánimo cuando... ¿Qué es aquello? alla en la lontananza, junto a la iglesia de San Benito, se trata de una Q, de Quevedo, aquel poeta, y, mientras recitaba algunos versos, alli, sentados al sol, se quemaba nuestro Qlo.

Habil estratagema hipnótica, pero no caímos en sus redes, pues fuimos conscientes de sus intenciones, asi que disfrutamos de la poesia y continuamos el camino, porque pocos metros más alla nos aguarda otra letra; expectantes nos acercamos hacia ella ¿Cual será?


Era una J de Lozano, José, que era incómoda por doquier, como un muro, aún asi, intentamos entablar conversación con ella; pero era de caracter sumamente arisco, por lo que al tiempo desistimos de nuestras inteciones para con ella y la dimos por civilizada.

Extraña dualidad nos hemos encontrado; frente a frente, en un contínuo dialogo mudo se encontraban Rosa Chacel y la H de ella misma; curioso monólogo de dos partes de un todo, de dos aspectos de un mismo ente; porque ¿Que puede decir la H, que es muda? y sin embargo ¿Qué puede uno contarse a si mismo? y aún asi continuan mirándose a la cara. Las dejamos continuar su monólogo y avanzamos.

En el Parque de Poniente hallamos una Ñ amiga, ñ de nada en especial pero de todo lo que lleva ñ, aqui se unió el valeroso SuperEñe a nuestra aventura, asi pues, en tan ilustre compañia continuamos

Ya en el centro de esta ciudad invadida por las letras, hallamos a su lider espiritual, la V de Valladolid, quien nos explica la extraña historia de las letras y arroja la luz sobre nuestras mentes. Las letras llegaron a la ciudad en son de Paz, con la intención de impregnarse de nuestra cultura y de mostrarnosla a nosotros mismos, al tiempo que aprendian de ella; pero al poco de su llegada fueron atacadas por vándalos humanos, asi que algunas de ellas se volvieron hostiles. La V, nos cuenta, no puede realizar esta misión, pues bajo ningun concepto puede abandonar su localización hasta que termine se cometido; por ello, y a la vista de nuestro porte caballeresco nos propone una nueva misión: Llevar la Paz de nuevo a las letras hostiles; para ello nos proviene de un Diccionario Mágico con el que hacer volver a la normalidad a las letras descarriadas.

Prometiendo lograr nuestro objetivo, nos despedimos de tan insigne letra.


Nuestro primer éxito en esta nueva campaña es la E de Emilio Ferrari, que rápidamente recobro la cordura.

La G, de Guillen, Jorge, que habia sucumbido al capitalismo y al consumismo, pues se encontraba en la misma puerta de un templo del consumo, llamado 'El Corte Ingles', de nuevo recobra la cordura gracias a nuestra gloriosa intervención.

Llevamos nuestra andadura a la Calle Santiago, donde hallamos a un hechicero oculto bajo la apariencia de un oficinista de Información y Turismo nos ha proporcionado el elemento definitivo para el éxito de nuestra misión, este es, cual mapa del tesoro, un plano de la ciudad con la localización de todas y cada una de las letras, obtenido gracias al sudor y al esfuerzo de concienzudos exploradores. Nuestra misión comienza a tener visos de ser solucionable.

Nos hemos visto obligados a retroceder, pues segun nuestros instintos (confirmados tras consultar el mapa) una letra habia quedado atras; pero no era una, sino dos, las que habiamos dejado rezagadas; una P de Francisco Pino y otra L, esta de Luelmo, Jose Maria, que se encontraban vigilantes en un cruce de caminos, y que gracias a nuestra intervención ahora ayudan a cruzar a los viandantes. Nuestros corazones se alegran, pues estamos realizando una buena obra.

Respectivamente, dvolvemos la calma y el sosiego a la Z de Zorrila, la D de Delibes y la U de Umbral; costándonos especial tabajo la D, pues se encontraba muy maltrecha y requirió de todo nuestro saber curativo (y de la sonrisa de una niña) para poder reponerse de sus heridas.

Cual fieles guardianes de la Casa de Cervantes se encuentran, como no, la C de Cervantes, con su yelmo de Mambrino y la D de Don Quijote.

Fieros habrian sido estos adversarios de haber sido necesario lidiar con ellos, pero afortunadamente solo hemos de traerles la paz y no batallar con ellos, pues a fe mia que cruenta habria de ser la lucha para una nimia victoria obtener...


Cansados de nuestras andanzas, reponemos fuerzas en una posada cercana y nos tomamos un merecido, aunque breve, descanso.
Ya en la Plaza de Madrid, una A de Alarcos, Emilio se retorcia en extraño giro, no logramos discernir si este era debido al dolor o al placer, o quiza a ambas cosas. De nuevo civilizada podemos continuar en busca de nuevas letras.

A estas alturas de nuestra aventura, y ya con el cansancio haciendo mella en nuestro ánimo, logramos asimilar una X en la Plaza de España y una F de Fin, que nos indica que este ha de ser el final de nuestro periplo. Asi pues, aún siendo conscientes de que alguna letra se nos ha escapado, pero ya agotados, legamos a SupeEñe el mapa del Hechicero y el Diccionario Mágico, encomendandole la finalización de tan titánica tarea, permitiendole, asimismo, quedarse con la gloria y el reconocimiento que esta aventura merece, y prometiendo encontraranos de nuevo en futuras andanzas.

Ya de regreso a casa, vislumbramos fugazmente una S, la cual, sigilosa, habia sorteado nuestra busqueda en un principio. Nos sentimos identificados con su sinuosa forma, tan similar a la senda que hemos seguimos hoy. Asimilamos su conjuncion con la F de Fin, puesto que nos dice que la aventura 'Se acabo', asi pues podremos reposar tranquilos... hasta la siguiente aventura urbana.

F de Fin (S de Se acabo)